A riesgo de perder el apoyo financiero y político estadounidense, explica la web de noticias "Daraj.
Autor: Reid Matar
Ganar tiempo. Así es como el presidente egipcio Abdel Fattah Al-Sissi espera salir de la trampa tendida por su homólogo estadounidense, Donald Trump. Desde que el leal amigo se convirtió en enemigo potencial con su idea de trasladar a la población de Gaza, no sólo corre el peligro de dar la vuelta a la tortilla. También corre el riesgo de hacer caer el régimen de Sissi.
Porque para conseguir sus fines, el presidente estadounidense amenaza con recortar la ayuda militar y financiera y dejar de apoyar a Egipto contra Etiopía por la presa del Renacimiento [aguas arriba del Nilo y que pone en cuestión la reclamación egipcia de una parte de las aguas del Nilo].
Durante su primer mandato, Donald Trump respaldó a El Cairo frente a Etiopía. Su administración medió entre Egipto, Etiopía y Sudán para llegar a un acuerdo sobre la presa y que Egipto obtuviera su parte justa de las aguas del Nilo. Incluso había declarado que Egipto "no iba a poder vivir con"esta presa y se iba a ver obligado a "volarla".
Hoy, pronuncia discursos igualmente estruendosos, pero en sentido contrario, apoyando a Etiopía para intimidar a Egipto, al que también critica por su presencia militar en Somalia. También en este caso, no es ningún secreto que podría utilizar este asunto para presionar a El Cairo.
Cumbre árabe y búsqueda de nuevos apoyos
Ante esta presión estadounidense, Sissi busca el apoyo de países africanos como Guinea Bissau, Ghana, Yibuti, Kenia y Somalia. Algunos de estos países han sufrido como consecuencia de la construcción de la presa del Renacimiento, y otros temen escenarios bélicos que podrían contar con el beneplácito de Donald Trump.
Abdel Fattah Al-Sissi también juega la carta rusa, tras haber mantenido conversaciones con Vladimir Putin en el emplazamiento de la central nuclear egipcia de El-Dabaa, y a sabiendas de que sigue pendiente la promesa de establecer una zona industrial rusa en la zona del Canal de Suez.
Ante todo, Abdel Fattah Al-Sissi busca ganar tiempo. Así, ha aplazado sine die su viaje a Washington [inicialmente previsto para el 18 de febrero], a la espera de la organización de una cumbre extraordinaria de la Liga Árabe, prevista para el 27 de febrero [que a su vez ha sido aplazada al 4 de marzo].
Las cumbres de la Liga Árabe no suelen acabar en más que declaraciones vacías, pero El Cairo espera utilizarlas para protegerse de Donald Trump. Sissi no está dispuesto a enfrentarse solo a él y repetir su negativa a trasladar a los gazatíes a Egipto y Jordania.
Por ello, a nivel regional pretende apoyarse en la Liga Árabe. Pero busca apoyos más allá del mundo árabe, según la página de Facebook del portavoz de la presidencia egipcia, que informa de comunicaciones con el primer ministro indonesio, Anwar Ibrahim, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, el secretario general de la ONU, António Guterres, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Los informes de estas conversaciones reiteran siempre el mismo argumento:
"La necesidad de empezar a reconstruir la Franja de Gaza para hacerla habitable, sin trasladar a sus habitantes palestinos".
También insisten en la necesidad de establecer un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital, como única garantía de una paz duradera.
El dilema corneliano
Los principales países árabes parecen unirse al rechazo del proyecto de Trump. Arabia Saudí se ha declarado hostil [e incluso los Emiratos Árabes Unidos, tras dar la impresión de titubear, han declarado su "firme oposición"]. Asimismo, el representante permanente de Kuwait ante la ONU, Tarek Al-Bannay, consideró que dicho traslado era "totalmente inaceptable" y representaría "una violación de los acuerdos de Ginebra".
Es cierto que los países árabes han adoptado una posición común, pero será principalmente Egipto quien pague el precio [ya que es el más vulnerable a las amenazas de Trump].
Esto plantea a Abdel Fattah Al-Sissi una elección corneliana. Si se mantiene firme frente a Donald Trump, corre el riesgo de perder la ayuda militar estadounidense y debilitar así al ejército, considerado la columna vertebral de su régimen. Si, por el contrario, se somete a Donald Trump, por la sencilla razón de que no hay otra manera de tratar con una gran potencia que no quiere escuchar, eso significa que está echando por tierra la posición histórica de Egipto sobre la cuestión palestina. [Y en ese caso, se arriesga a perder lo que le queda de apoyo popular y legitimidad].
Defender la causa palestina
También en este caso, el presidente egipcio actúa con mano dura. El año pasado, la policía arrestó a más de 250 seguidores del club de fútbol Al-Ahly por ondear una bandera palestina en apoyo de Gaza. Pero a principios de febrero, el régimen permitió que acudieran egipcios de todo el país para manifestar su apoyo a la causa palestina ante Rafah, el paso fronterizo con Gaza, coreando "No al traslado de palestinos".
En los medios de comunicación egipcios, Abdel Fattah Al-Sissi se presenta no sólo como el garante de la soberanía nacional, sino ahora también como el heraldo de la causa palestina. Paradójicamente, el apoyo a la causa palestina implica ahora el apoyo a Abdel Fattah Al-Sissi en Egipto, y cualquier oposición al régimen se considera una falta de lealtad a los palestinos.
Estos mismos medios egipcios también han cambiado su tono sobre Donald Trump. El diario [progubernamental] Al-Youm Al-Sabee se hace eco de los diputados que le llaman "loco" y le acusan de querer incendiar el mundo. Y ello a pesar de que este mismo periódico, en noviembre, había elogiado "la inteligencia"de este hombre.
Autor: Reid Matar
Imagen de portada: El presidente estadounidense, Donald Trump (d), y el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sissi, en la Casa Blanca en Washington, el 9 de abril de 2019. Foto JIM WATSON/AFP.